EL MATRIMONIO ES EL CIMIENTO, LA PIEDRA ANGULAR DE LA CIVILIZACION

Los cónyuges deben lograr unidad en sus metas, deseos y acciones. El matrimonio en sí se debe considerar como un convenio sagrado que se hizo ante Dios, una pareja casada no solamente tiene una obligación mutua sino que también la tiene hacia Dios, quien ha prometido grandes bendiciones para aquellos que honran este convenio.
La oración en el hogar y la oración entre los cónyuges fortalecerán su unión; y gradualmente los pensamientos, aspiraciones e ideas emergerán como si fueran uno hasta llegar a tener los mismos propósitos y metas. Confiad en el Señor, en las enseñanzas de los profetas y en las escrituras para obtener guía y ayuda, especialmente cuando puedan surgir desacuerdos y problemas.
El progreso espiritual ocurre cuando los compañeros juntos resuelven los problemas y no cuando huyen de ellos. La forma en que hoy día se destaca el individualismo trae como resultado el egoísmo y la separación. La norma del Señor todavía es que marido y mujer, dos individuos separados, se conviertan en "una sola carne"(Génesis 2:24)
El secreto de un matrimonio feliz es servir a Dios y servirse mutuamente. La meta de un matrimonio es lograr la unidad y la integridad, asi como el desarrollo individual. Aunque parezca lo contrario, cuanto más se sirvan el uno al otro, mayor será el progreso espiritual y emocional de cada uno de los cónyuges. De manera que el principio funda¬mental es trabajar para lograr la unidad con toda justicia. (Ezra TaftBenson)
"El matrimonio es la preservación de la raza humana. Sin él, se frustrarían los propósitos de Dios; la virtud seria destruida para verse desplazada por el vicio y la corrupción, y la tierra quedaría desolada y vacía." (Joseph F. Smith)
El Señor nos instruye para que "razonemos juntos"(D.y C. 50:10). Sin peleas, exhorta¬ciones ni revanchas, sino razonando junto con amor y dulzura. ¡Qué maravilloso ejemplo para los hijos! ¿Cómo podría fracasar una familia si toda decisión importante se midiera cuidadosamente de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, y después de razonar juntos, se tomara la decisión de seguir adelante con confianza y en armonía con la ley divina.
El Salvador enseñó el principio de recorrer la segunda milla (Mateo 5:41), que es el de la generosidad. Haciendo esto, casi toda relación matrimonial puede alcanzar el éxito. Pero un esfuerzo en tan sólo un lado de la embarcación, produce una falta de equilibro que hace que el matrimonio sucumba. La generosidad debe ser mutua.
Ya sea en el primer año o en el vigésimo primero del matrimonio, cada pareja debe descubrir el valor de las conversaciones que deben tener al retirarse a la cama al fina¬lizar cada día. Es el momento ideal para repasar lo hecho, hablar del mañana, y sobre todo, es el momento ideal en que el amor y aprecio mutuos pueden ser reafirmados. El fin de cada día es también un momento ideal para decir: "Mi amor, lamento mucho lo que pasó hoy: te ruego que me perdones" (Robert L. Simpson)

DESCARGAR