martes

Conferencia General Abril 2018




Sesión del Sábado por la mañana 31 Marzo 2018
Los preciosos dones de Dios M. Russell Ballard
¿Soy un hijo de Dios?  Brian K. Taylor
De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros
Larry Echo Hawk
El corazón de un Profeta Gary E. Stevenson
Hasta setenta veces siete  Lynn G. Robbins
El profeta de Dios Neil L. Andersen
Sesión del Sábado por la tarde
Mansos y humildes de corazón David A. Dednar
Un día más Taylor G. Godoy
Mujeres Jóvenes en acción Bonnie L. Oscarson
Las ordenanzas de salvación nos darán una luz maravillosa Taniela B. Wakolo
La enseñanza en el hogar: Una responsabilidad sagrada y gozosa Devin G. Durrant
La obra del templo y de historia familiar:
Sellamiento y sanación
Dale G. Renlund
• Sesión General del Sacerdocio
Lo que todo poseedor del Sacerdocio Aarónico debe entender  Douglas D. Holmes
Comentarios de introducción Russell M. Nelson
El cuórum de élderes D. Todd Christofferson
¡Mirad! Reales huestes Ronald A. Rasband
El ministerio inspirado Henry B. Eyring
Los poderes del sacerdocio Dallin H. Oaks
Ministrar con el poder y la autoridad de Dios Russell M. Nelson
• Sesión del Domingo por la mañana
Tomen al Santo Espíritu por guía Larry Y. Wilson
Unánimes Reyna I. Aburto
El amor puro: La verdadera señal de todo verdadero discípulo de Jesucristo. Massimo De Feo
El que persevere hasta el fin será salvo Claudio D. Zivic
Su Espíritu con ustedes Henry B. Eyring
Cosas pequeñas y sencillas  Dallin H. Oaks
Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas Russell M. Nelson
Sesión del Domingo por la Tarde
Cristo ha resucitado  Gerrit W. Gong
Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu  Ulisses Soares
Ministrar Russell M. Nelson
“Estar con ellos y fortalecerlos” Jeffrey R. Holland
 Ministrar como lo hace el Salvador Jean B. Bingham
¡He aquí el hombre!  Dieter F. Uchtdorf
Lo importante son las personas Gérald Caussé
Prepárense para presentarse ante Dios Quentin L. Cook
Trabajemos hoy en la obra Russell M. Nelson

Lloremos con los Santos

Lloremos con los Santos


por el obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero del Obispado Presidente
Liahona Abril 1989
Basado en un discurso dado en la Universidad Brigham Young, Provo, Utah.

Hace algunos años escuché un canto popular que decía: “Pre­fiero reír con los pecadores que llorar con los santos”. Mi reacción in­mediata al escuchar esas palabras fue la de enfadarme, pero al día siguiente, cuan­do volví a escuchar la canción, me reí de mí mismo al comprender por qué esas palabras me habían enfadado tanto. El he­cho era que había mucha verdad en ellas.

Cuando yo estaba en la escuela pri­maria, mis padres me hacían ir a la Igle­sia los domingos, mientras otros niños se iban al cine. En los primeros años de la secundaria, mientras otros muchachos dormían hasta las doce del medio­día, yo recogía las ofrendas de ayuno. Cuando co­mencé a trabajar, mientras terminaba mis estudios se­cundarios, yo no lo hacía los días domingos, que pag­aban mucho más, sino que guardaba el día de reposo. Durante mi misión, mi compañero y yo recorríamos las calles los sábados por la noche, buscando a quién enseñar, mientras otros jóvenes de nuestra edad se paseaban, tomados de la mano con sus novias, y se reían y nos miraban, extrañados, preguntándose: “¿Quiénes son esos?”

De recién casados, mi esposa y yo asistíamos a la Iglesia los domingos con nuestros inquietos niños. El domingo en que en los Estados Unidos de Nor­teamérica se jugaba —y aún se juega— el partido de fútbol americano más importante del año, mientras el resto del país comía, bebía y vitoreaba a los juga­dores, nosotros tratábamos de alentar a nuestros hijos a escuchar las palabras de un miembro del sumo con­sejo de la estaca que visitaba el barrio. Otras veces, al detenernos en un semáforo en nuestro viejo y des­tartalado auto, advertíamos a nuestro lado un auto último modelo, ocupado por una pareja con una “aceptable” cantidad de niños vestidos a la última moda, quienes veían con lástima a mis seis hijos por ir vesti­dos con ropa sencilla que comprábamos en una tienda de segunda mano.

Pero el año pasado me sentí suma­mente frustrado cuando al asistir a un concierto de música popular de la Uni­versidad Brigham Young, al que mis hi­jos me habían invitado, el cantante anunció la canción que mencioné anteriormente y dijo: “No trato de con­vertir a nadie; simplemente les estoy dando una alternativa”. Mi deseo hu­biera sido subir al escenario, arrebatarle el micrófono y decirles a todos lo que opinaba al res­pecto; pero eso hubiera horrorizado a mis hijos, por lo que me contuve.

La aseveración de “los pecadores ríen mientras los santos lloran” es una simple y sencilla manera de afrontar la vida, demasiado simple, tan simple que pasa por alto la realidad. Algunos pecadores dejan tras de sí un rastro de vidas desechas y mucho derramamiento de lágrimas, mientras que nosotros, los miembros de la Iglesia, no hay duda de que también reímos. De todas maneras, tanto para los santos como para los pecadores, todo aquello que tiene verdadero signifi­cado en la vida no necesariamente tiene que ser di­vertido. Sin embargo, ¿no hay momentos en que pa­rece que aquellos que no hacen ningún esfuerzo por vivir de acuerdo con las normas de la Iglesia disfrutan más de la vida que los que sí lo hacen?


Parecería que al ser miembros de la Iglesia nuestra vida estuviera controlada por mandamientos, expecta­tivas, servicio, sacrificio y obligaciones económicas.

En el mundo en cambio vemos gente que no tiene ninguna de esas llamadas restricciones. Gente que pasa en la casa con su familia mucho más que los lunes por la noche y que cuenta con un diez y un quince por ciento más de su dinero para gastar. Des­pués de que los miembros pagan sus obligaciones eco­nómicas a la Iglesia, no pueden darse el lujo de gastar en nada indebido.

Seamos honrados con nosotros mismos: los santos lloramos en verdad, y no poco. Pero no hay nada que valga la pena que se consiga fácilmente. La felicidad celestial que perseguimos no se alcanza sin esfuerzo.

lunes

Mensajes de Pascua de Resurrección

La Primera Presidencia comparte mensajes de Pascua de Resurrección durante la conferencia general

Por MormonNewsroom.org
  • 1 ABRIL 2018

El 1º de abril, el domingo de Pascua de Resurrección, durante la sesión del domingo por la mañana de la conferencia general, la Primera Presidencia compartió mensajes acerca de la expiación y resurrección del Señor Jesucristo.
Al coincidir la Pascua de Resurrección y las sesiones dominicales de la Conferencia General de abril 2018, cada uno de los tres miembros en la fe de la Primera Presidencia compartieron importantes mensajes de Pascua en la reunión de la conferencia del domingo por la mañana.La Pascua de Resurrección es la celebración máxima de la adoración cristiana. Es una época de esperanza en la que los seguidores de Cristo alrededor del mundo —entre ellos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días— recuerdan y honran el sufrimiento de Jesucristo por nuestros pecados en el Jardín de Getsemaní, Su crucifixión en la cruz del Calvario y Su gloriosa resurrección de la muerte. José Smith, el fundador de la Iglesia, llamó a los testimonios de la vida de Jesucristo, incluso Su resurrección y ascensión a los cielos, los “principios fundamentales de nuestra religión” y “todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices” de ello.
“Sin la infinita Expiación de nuestro Redentor, ninguno de nosotros tendría esperanza de alguna vez regresar a nuestro Padre Celestial. Sin Su resurrección, la muerte sería el fin. La expiación de nuestro Salvador hizo que la vida eterna sea una posibilidad y la inmortalidad una realidad para todos”. Lea el discurso completo del presidente Nelson.


La Primera Presidencia

“Hoy nos unimos a otros cristianos para celebrar la resurrección del Señor Jesucristo. Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la resurrección literal de Jesucristo constituye un pilar de nuestra fe. Debido a que creemos en los relatos de la Biblia y del Libro de Mormón acerca de la resurrección literal de Jesucristo, también creemos, por las numerosas enseñanzas de las Escrituras, que una resurrección similar vendrá a todos los mortales que hayan vivido en esta tierra. Esa resurrección nos concede lo que el apóstol Pedro llamó ‘una esperanza viva’ (1 Pedro 1:3). Esa esperanza viva es nuestra convicción de que la muerte no es el final de nuestra identidad sino tan solo un paso necesario dentro del misericordioso plan de nuestro Padre Celestial para la salvación de Sus hijos. Ese plan requiere que haya una transición de la mortalidad a la inmortalidad. Para tal transición es fundamental el ocaso de la muerte y la gloriosa mañana hecha posible por la resurrección de nuestro Señor y Salvador, que celebramos en este domingo de Pascua de Resurrección”. Lea el discurso completo del presidente Oaks.
“Agradezco a nuestro Padre Celestial por el don de Su Amado Hijo, quien vino de forma voluntaria a la tierra para ser nuestro Redentor. Estoy agradecido por saber que Él expió por nuestros pecados y se levantó en la Resurrección. Todos los días tengo la bendición de saber que, gracias a Su expiación, algún día resucitaré para vivir para siempre en una familia amorosa”. Lea el discurso completo del presidente Eyring.

Conferencia de la mujer en BYU


Devocional mundial para jóvenes adultos

1 de mayo de 2016 élder Richard J Maynes

martes

CONFERENCIA GENERAL ABRIL 2016




(Video)
Cheryl A. Esplin
Por Neill F. Marriott
(Video)
Linda K. Burton
Henry B. Eyring

Dieter F. Uchtdorf
Mary R. Durham
Donald L. Hallstrom
Gary E. Stevenson
Kevin R. Duncan
Steven E. Snow
Dale G. Renlund

Dieter F. Uchtdorf
Kevin R. Jergensen
Brook P. Hales
Ronald A. Rasband
Neil L. Andersen
Mervyn B. Arnold
Jairo Mazzagardi
David A. Bednar
M. Russell Ballard

Russell M. Nelson
Stephen W. Owen
Dieter F. Uchtdorf
Henry B. Eyring
Thomas S. Monson

Thomas S. Monson
Bonnie L. Oscarson
W. Christopher Waddell
D. Todd Christofferson
Quentin L. Cook
Dieter F. Uchtdorf

Robert D. Hales
Gerrit W. Gong
Patrick Kearon
Dallin H. Oaks
Kent F. Richards
Paul V. Johnson
Jeffrey R. Holland

Conferencia General Abril 2018