EL SIGNIFICADO DE LA PARTICIPACIÓN DE LA SANTA CENA

por el presidente David O. McKay

La bendición del pan, que se ofrece en beneficio de los participantes del sacramento, revela claramente la relación que asume cada uno con el Señor y la obligación que cada uno toma sobre sí. La reverencia y la santidad de una promesa son los primeros principios que allí" se recalcan.
Las palabras "Oh Dios, Padre Eterno" es la confesión por parte de la congregación de que el Señor está presente o al menos que su Espíritu está en comunicación con el espíritu de cada uno que sinceramente le busca. Charles Lamb dijo una vez: "Si Shakespeare se apareciera en esta pieza todos nos levantaríamos e iríamos a saludarlo; pero si Cristo se apareciera, caeríamos sobre nuestras rodillas." Esta actitud reverente debería mantenerse durante la administración de la Santa Cena. Aunque la congregación no debe arrodillarse, debería mantenerse en orden y reverencia perfectos.
Todos los presentes deberían pensar en las virtudes de la vida de Cristo porque se pide que El "bendiga y santifique" el sacramento para que cada uno participe de él "en memoria" del Hijo de Dios.
Hay pocas cosas en la vida más sagradas que una palabra de honor. La veracidad y la honestidad son virtudes fundamentales sin las cuales es imposible edificar un carácter noble. Charles E. Jefferson dijo: "Todas las virtudes son importantes pero algunas son más esenciales que otras. Hay algunas virtudes cuya ausencia deja el carácter corrompido y hay otras cuya ausencia deja el alma como una cáscara de nuez vacía."
Todo aquel que participa del sacramento testifica, es decir, atestigua ante "Dios, el Padre Eterno" de que se aviene a cumplir con ciertas cosas. Ante su presencia solemne evidencia su voluntad de asumir tres obligaciones muy grandes, la primera de las cuales y a la que estamos atados por sagrado honor es:

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