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viernes

LA ADOPCION Y LOS PADRES SOLTEROS

A pesar de los considerables esfuerzos que se hacen por enseñar la moralidad a los jóvenes de la Iglesia, las transgresiones morales y el embarazo fuera de los vínculos del matrimonio suceden. ¿Qué deben hacer el varón joven y la señorita que se vean enfrentados a ese tipo de embarazo? ¿Qué alternativas deben tener en cuenta? En este video se proporcionan instrucciones inspiradas de la Primera Presidencia y comentarios de miembros de la Iglesia que han hecho frente a esta difícil situación. Este mensaje servirá de ayuda a los que se encuentren ante un embarazo fuera del matrimonio a fin de que tomen una decisión que establezca una relación familiar eterna, así como para que hagan lo que sea mejor para la criatura y aumenten las posibilidades de que todas las personas implicadas reciban las bendiciones del Evangelio.
Este video se puede mostrar a los jóvenes que vivan el problema del embarazo fuera del matrimonio, a los familiares de ellos, a líderes de la Iglesia y a otros miembros adultos de la Iglesia.

domingo

10 Maneras de Enseñar los Valores en el Hogar

El hogar es el lugar más indicado para que los niños aprendan los buenos valores. Los valores guían nuestro comportamiento y nos sirven para escoger entre el bien y el mal. Nuestro sentido de los valores determina la forma en que empleamos nuestro tiempo y nuestro dinero. Lo que para nosotros tiene prioridad en la vida se basa en aquello a lo que le adjudicamos valor.
Los padres enseñan sus valores a sus hijos por lo que dicen y hacen. Por consiguiente, es preciso que los padres se pongan de acuerdo con respecto a qué valores son importantes. Ciertos valores, como por ejemplo, la honradez, la cortesía y el servicio, deben formar parte de los valores de toda familia. Es más probable que los niños que aprenden y siguen valores morales tomen decisiones inteligentes cuando sean mayores. Enséñenles a sus hijos que lo que escojan hacer durante su juventud afectará el resto de sus vidas.
Los padres que no enseñan a sus hijos los valores correctos los privan de una base sólida para vivir la vida. Gordon B. Hinckley, Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dijo: "El hogar es la cuna de toda virtud auténtica. Si los debidos valores no se enseñan en el hogar, es probable que no se enseñen nunca".
Las 10 sugerencias que se dan a continuación les servirán para enseñar a sus hijos los debidos valores en el entorno del hogar.


martes

TEMPLOS DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ULTIMOS DIAS

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días consideran que el templo es la Casa del Señor, el lugar más sagrado sobre la tierra. En esta revista encontrará información útil acerca del propósito y de la importancia de los templos, y del significado eterno de las ordenanzas que allí se llevan a cabo.
Hace más de un año se tomó la decisión de revisar la revista Templo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (old), que trata de la adoración en el templo y de los puntos culminantes sobre los templos de la Iglesia en todo el mundo. La publicación se agotó en algunos idiomas, y los miembros se preguntaban cómo podrían conseguir otro ejemplar. En vez de reimprimir una revista en la que no figurara un mensaje del presidente Thomas S. Monson y no se prestara atención a los muchos templos que se han construido desde que se imprimió la última versión, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles aprobaron la creación de una versión actualizada.

viernes

COMO FORTALECER LA FAMILIA

GUIA DE FUENTES DE RECURSOS PARA LOS PADRES
Para proteger a la familia de las influencias sociales destructivas se necesitan padres afectuosos y eficaces. El presidente Gordon B. Hinckley declaró lo siguiente: “Quizás nuestra mayor preocupación se centre en las familias. La familia se está desmoronando en todo el mundo. En todas partes se están rompiendo los vínculos tradicionales que unen al padre, a la madre y a los hijos. Tenemos que hacer frente a esto en nuestro propio medio. Hay demasiados hogares destrozados entre los nuestros. El amor que llevó al matrimonio de algún modo se evapora y el odio ocupa su lugar; se quebrantan corazones, los hijos sufren”.
Esta guía es una fuente de información para usted mientras participa en el curso “Cómo fortalecer a la familia”, elaborado por Servicios para la familia SUD. El objetivo de este curso es el de fomentar las relaciones armoniosas y afectuosas de la familia. Las clases se llevan a cabo como otras reuniones de la Iglesia, con los principios del Evangelio que proporcionan la base y la estructura para llevarlas a cabo; además, se incluyen actividades de aprendizaje y consejos profesionales que le ayudarán a adoptar diversos principios y aptitudes.

COMO FORTALECER EL MATRIMONIO

GUIA PARA LOS CONYUGES

El convenio del matrimonio les ofrece la mayor posibilidad de tener paz y felicidad en esta vida y una vida familiar eterna en el mundo venidero. Éstas son bendiciones gloriosas pero exigen un esfuerzo considerable. Muchos matrimonios luchan esmeradamente por tener una buena relación. El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Quizás nuestra mayor preocupación se centre en las familias. La familia se está desmoronando en todo el mundo. En todas partes se están rompiendo los vínculos tradicionales que unen al padre, a la madre y a los hijos. Tenemos que hacer frente a esto en nuestro propio medio. Hay demasiados hogares destrozados entre los nuestros. El amor que llevó al matrimonio de algún modo se evapora y el odio ocupa su lugar; se quebrantan corazones, los hijos sufren”.
Esta guía es una fuente de recursos para ustedes, los que van a participar en el curso “Cómo fortalecer el matrimonio”, presentado por los Servicios Familiares de la Iglesia. El objeto de dicho curso es fomentar una relación armoniosa y afectuosa entre ustedes y sus cónyuges. Las sesiones se realizan como cualquier otra clase de la Iglesia, con los principios del Evangelio que proveen la base y la estructura para llevarlas a cabo. Además, las actividades de aprendizaje y los consejos profesionales les ayudarán a integrar los principios y las técnicas a su vida.

jueves

MATRIMONIO CELESTIAL por Bruce R. McConkíe

A fin de que todos podamos estar unidos en pensamiento y estemos capacitados para edificar el mismo fundamento, teniendo presente los mismos principios eternos, comenzaré por citar tres o cuatro pasajes breves de las Escrituras. Ruego que seamos uno en sentimiento y actitud, en lo que concierne a estos grandes principios de doctrina, y que hayamos afianzado en nuestras almas la determinación de hacer todas las cosas que deben hacerse durante nuestra probación terrenal para heredar la plenitud de la gloria del reino de nuestro Padre.

Tomo como texto estas palabras de la sección 42, la revelación intitulada "La ley de la Iglesia":

''Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella, y a ninguna otra." (D. yC. 42:22.)

Y con el espíritu de esas palabras, tomo del libro de Rut, en el Antiguo Testamento, estas expresiones, que aunque originalmente no fueron pronunciadas con referencia al matrimonio, contienen un principio que es totalmente aplicable:

''No me niegues que te deje, y me aparte de ti; porque a donde quiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aún me añada", y ahora haré un leve cambio: que ni "la muerte hará separación entre nosotras dos." (Rut 1:16-17.)

Un pasaje de la sección 49 de Doctrinas y Convenios resume la declaración respecto al matrimonio para nuestra dispensación. El Señor dijo:

"Y además de cierto os digo, que quien prohibiere el matrimonio, no es ordenado de Dios; porque el matrimonio es instituido de Dios para el hombre.

Por lo tanto, es lícito que tenga una esposa, y los dos serán una carne, y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación;

Y para que sea henchida con la medida del hombre, conforme a la creación de éste, antes que el mundo fuera formado". (D. y C. 49:15-17.)

Cuando nosotros como Santos de los Últimos Días hablamos acerca del matrimonio, estamos hablando acerca de una orden celestial y santa; estamos hablando acerca de un sistema del cual puede emanar el mayor amor, gozo, paz, felicidad y serenidad que la humanidad haya conocido; estamos hablando acerca de crear una unidad familiar la cual tiene el potencial de ser perpetua y eterna, una unidad familiar donde el hombre y la mujer pueden continuar en esa asociación por toda la eternidad, y donde la madre, la hija, el padre y el hijo están unidos por lazos eternos que nunca serán destruidos. Estamos hablando acerca de crear una unidad más importante que la Iglesia, más importante que cualquier otra organización que existe sobre la tierra o en los cielos, una unidad la cual conduzca a la exaltación y la vida eterna; y cuando hablamos acerca de la vida eterna, nos referimos a la clase de vida que lleva Dios, nuestro Padre Celestial.

En esta última y gloriosa dispensación del evangelio hemos recibido la verdad más básica de toda la eternidad, y dicha verdad concierne a la naturaleza y clase de ser que Dios es; la vida eterna es conocer al Padre y al Hijo. ( Juan 17:3.) No hay manera posible de avanzar grado por grado, paso por paso a la exaltación que buscamos, a menos y hasta que lleguemos a un conocimiento de la naturaleza y clase de ser que Dios es; por lo tanto, cuando hablamos de la vida eterna, nos referimos a la clase de vida que Dios, nuestro Padre, vive; y cuando hablamos acerca de El, nos referimos a un hombre santo, perfecto, exaltado y noble, un individuo, un personaje, un ser con "un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre" (D. y C. 130:22). Nos referimos a alguien que es un padre literal, que es el Padre de los espíritus de todos los hombres. Todos nacimos como miembros de su familia; hemos visto su rostro; hemos oído su voz; hemos recibido su consejo, personalmente, así también como a través de sus representantes y agentes; lo conocimos en la preexistencia. Ahora se ha puesto un velo frente a nosotros y no tenemos el recuerdo que una vez tuvimos, pero estamos tratando de hacer las cosas que nos permitirán llegar a ser como El. Después que nos concibió como hijos espirituales, nos dio nuestro álbedrío el cual es el poder y la habilidad para elegir; asimismo nos dio leyes y nos permitió obedecer o desobedecer; en consecuencia podemos desarrollar talentos, habilidades, aptitudes y características de diversas clases. Decretó y estableció un plan de salvación, el cual fue llamado el Evangelio de Dios, significando Dios, nuestro Padre Celestial, y consistía en todas las leyes, poderes, y derechos, todas las experiencias, todos los dones y gracias requeridos para llevarnos, a sus hijos e hijas espirituales, de aquel estado de inteligencia decadente, al plano sublime y exaltado en donde podríamos ser como El.

El profeta José Smith nos dice que Dios, al ver que se encontraba en medio de espíritus y gloria, decretó leyes mediante las cuales éstos pudiesen avanzar y progresar para llegar a ser como El. Esas leyes incluyeron la creación de esta tierra; el darnos un cuerpo mortal con el cual pudiésemos ser probados en un estado transitorio y recibir experiencias que sería imposible obtener en cualquier otra forma; incluyeron la oportunidad de elegir entre el bien y el mal, hacer lo bueno o lo malo, la oportunidad de progresar y desarrollarnos en las cosas del espíritu; también incluyeron la oportunidad de entrar en una relación matrimonial que tiene el potencial de convertirse en eterna. Comenzamos este curso en la vida preterrenal; ahora nos encontramos aquí, tomando el examen final de toda la vida que vivimos en aquel entonces, el cual también es el examen de admisión para los reinos que están por delante.

La vida que vive nuestro Padre Celestial se llama vida eterna, y consiste de dos cosas: la continuación de la unidad familiar en la eternidad, y una herencia de lo que las Escrituras llaman la plenitud del Padre o la plenitud de la gloria del Padre (D. y C. 76:56), significando el poder, dominio y exaltación que El mismo posee. En nuestro medio limitado no poseemos la habilidad o el poder para comprender la omnipotencia del Padre; podemos mirar las estrellas en el cielo, podemos ver todos los mundos y órbitas que han sido creados en sus esferas, y mediante ello podemos empezar a obtener un concepto de la gloriosa e ilimitada inteligencia por la cual todas estas cosas existen; todas estas cosas, y muchas más, representan la plenitud de la gloria del Padre.

Estamos buscando la vida eterna, o sea, se nos ha dado el privilegio de seguir adelante como hijos de Dios, hasta que lleguemos a ser como nuestro Padre Eterno, y si lo logramos, tenemos la obligación de edificar en el fundamento del sacrificio expiatorio del Señor Jesús. Se requiere que guardemos los mandamientos y sembremos las semillas de rectitud, a fin de lograr una cosecha de gloria y honor. Si hacemos todas las cosas que el evangelio requiere de nosotros, podemos lograr esa clase de progreso. El evangelio, el cual es el plan de salvación, ahora se conoce como el Evangelio de Jesucristo, para darle honra a Aquel que llevó a cabo el sacrificio expiatorio infinito y eterno, y puso en marcha todas las estipulaciones del plan del Padre.

Dios nuestro Padre es el Creador de todas las cosas, y glorificamos su santo nombre y le cantamos alabanzas porque nos creó a nosotros y todas las cosas en los cielos. Dios nuestro Padre es el Creador perfecto. Jesucristo, su Hijo, es el Redentor; El vino a rescatarnos de la muerte temporal y espiritual introducida al mundo por causa de la caída de Adán. El rescate de la muerte temporal da a cada uno de nosotros la inmortalidad:

"Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados." (1 Cor. 15:22.)

Y toda alma viviente se levantará en la resurrección con inmortalidad, y habiéndose levantado, será juzgada de acuerdo con sus obras y le será asignado un lugar en los reinos que han sido preparados. Algunos serán resucitados en inmortalidad y luego a vida eterna, y vida eterna es el nombre de la clase de vida que Dios vive.

No es suficiente el elogio que damos al nombre del Señor Jehová, quien es el Señor Jesús, para rendirle tributo adecuado por todo lo que ha hecho por nosotros y por las posibilidades que yacen en lo futuro a causa de que tomó sobre sí nuestros pecados con la condición de que nos arrepintiésemos. La obra de Dios el Padre fue la creación, y la obra de Cristo el Hijo fue la redención. Somos hombres y nuestra obra —edificar en el funda¬mento que Dios nuestro Padre puso y que Cristo su Hijo ha establecido— es efectuar la parte de que os he hablado. En términos generales, significa que debemos aceptar y vivir la ley. Debemos creer en Cristo y vivir su ley, ser rectos y limpios, lavar nuestros pecados en las aguas del bautismo, convertirnos en nuevas criaturas mediante el poder del Espíritu Santo y andar en los senderos de verdad y rectitud.

Mientras continuamos hablando en esta forma, lo estamos haciendo en términos generales, los cuales son la base para algo específico y particular que deseamos señalar: el matrimonio eterno.

Todo lo que hagamos en la Iglesia está directamente relacionado y ligado al eterno convenio del matrimonio que Dios ha instituido. Todo lo que hagamos desde que tenemos uso de razón hasta el momento en que nos casamos, pasando por todo tipo de experiencias y considerando todo tipo de consejos y guía que recibamos, todo eso tiene el propósito de prepararnos para entrar dentro de un convenio matrimonial condicional, un convenio que solamente llega a ser eterno si cumplimos con las promesas que hacemos al recibir esta ordenanza sagrada. Entonces, todo lo que hagamos el resto de nuestra vida, fuera lo que fuese, está ligado al orden celestial del matrimonio en el cual hemos entrado y está programado para ayudarnos a guardar los con¬venios que hemos hecho en el templo. Brevemente explicado, éste es el concepto general dentro del cual funciona la Iglesia.

Permitidme citar de una revelación sobre el matrimonio, el concepto general que rige esta ordenanza y todo lo pertinente a ella:

"Porque todos los que quisieren recibir una bendición de mi mano han de cumplir con la ley que rige esa bendición, así como con sus condiciones, cual quedaron instituidas desde antes de la fundación del mundo." (D. y C. 132:5.)

Este es el principio básico, regulador y predominante que rige los hechos de los hombres de todas las épocas. Nadie obtiene algo de la nada. Todos hemos recibido la resurrección como un don gratuito; pero en cierto sentido, ni siquiera ésta es gratuita, ya que en la preexistencia hemos vivido dignamente en justicia y de este modo ganado el derecho a pasar por este estado de probación mortal y de resurrección posterior.

En la perspectiva más amplia y eterna, nadie obtiene algo sin tener que pagar un precio por ello; de manera que vivimos la ley y como consecuencia natural obtenemos la bendición prometida. El Señor dijo más adelante:

"Y en cuanto al nuevo y sempiterno convenio, fue instituido para la plenitud de mi gloria; y el que reciba la plenitud de ella tendrá que cumplir con la ley, o será condenado, dice el Señor Dios." (D. y C. 132:6.)

El "nuevo y sempiterno convenio" es la plenitud del Evangelio, y éste es el convenio de salvación que el Señor hace con los hombres. Es "nuevo" porque ha sido revelado nuevamente en esta época; es sempiterno porque siempre ha sido posesión de los fieles, no solamente en este mundo, sino en todos los mundos habitados por los hijos de nuestro Padre Celestial.

El versículo siguiente, número siete, es el resumen de toda la ley del Evangelio. Como lo requiere la ocasión, está escrito en lenguaje legal porque marca o establece los términos y condiciones que se imponen, y por supuesto es el Señor quien habla y dice:

"Y de cierto te digo que las condiciones de dicha ley son éstas:" (aquí menciona las condiciones de la ley que gobierna todos los aspectos de la religión revelada, pero aplicaremos esto más específicamente a nuestra responsabilidad mayor, que es el matrimonio). Todos los convenios, contratos, vínculos, compromisos, juramentos, votos, efectuaciones, uniones, asociaciones o aspiraciones que por el Santo Espíritu de la promesa, bajo las manos del que es ungido, no se hacen, se celebran y se ligan, tanto por esta vida como por toda la eternidad, y eso también de la manera más santa, por revelación y mandamiento, mediante la instrumentalidad de mi ungido, al que he señalado sobre la tierra para tener este poder (y he nombrado a mi siervo José para que tenga este poder en los últimos días, y nunca hay más de una persona a la vez sobre la tierra a quien se confieren este poder y las llaves de este Sacerdocio), ninguna eficacia, virtud o fuerza tienen en la resurrección de los muertos, ni después de ella; porque todo contrato que no se hace con este fin, termina cuando mueren los hombres." (D. y C. 132:7.)

¿Qué es lo que implica esto? Como mortales, tenemos el poder de hacer entre nosotros cualquier clase de arreglo o convenio que deseemos hacer, siempre que sea legal dentro de la sociedad en que vivimos, el cual nos ligará tanto tiempo como acordemos estar ligados, aun hasta la muerte. Pero como mortales, no tenemos poder para ligarnos más allá de la muerte; ninguno de nosotros puede entrar en un contrato que le permita hacer algo en la esfera del más allá. Dios nos ha dado el libre albedrío para que lo ejerzamos aquí y ahora, mientras estamos en la mortalidad.

Somos mortales; ésta es una esfera que está limitada por el tiempo; y si aquí, en esta vida, vamos a hacer algo que nos permita pasar el puente de la muerte, algo que perdure en el mundo de los espíritus, entonces tendremos que efectuarlo por medio de un poder que sea superior al del hombre, tiene que ser por el poder de Dios. El hombre es mortal, y como tal está limitado; Dios es eterno y sus obras no tienen fin.

El Señor confirió a Pedro las llaves del reino de Dios, para que él tuviera el poder de ligar en la tierra y sellar eternamente en los cielos; luego extendió ese poder a Santiago, a Juan, y al resto de los apóstoles de Su tiempo, para que tuvieran el mismo poder; y hoy en día lo ha restaurado tal como existió en la antigüedad. Ha llamado apóstoles y profetas y les ha dado las llaves del reino de Dios, y una vez más ellos tienen el poder de ligar en la tierra y sellar eternamente en los cielos.

Envió a Elias el Profeta a traer el poder de sellamiento y mandó que Elias confiriera a José Smith y Oliverio Cowdery el Evangelio de Abraham, con la promesa de que en ellos y en su posteridad serían bendecidas todas las generaciones siguientes.

Vino Elias el Profeta y también el otro Elias, con el poder y la autoridad del Todopoderoso, para entregar otra vez las llaves, poderes, prerrogativas y derechos a los hombres mortales. ¡Agradezcamos al Señor por algo tan glorioso!

Tenemos el poder de efectuar un matrimonio eterno, y de esta forma el hombre y la mujer llegan a ser esposos por esta vida y —si guardan el convenio que hacen— permanecerán casados en el mundo de los espíritus, y se levantarán con gloria y poder, con reinos y exaltación en la resurrección, siendo esposo y esposa para siempre jamás. Y esto es así porque el Señor Omnipotente ha dado a esta Iglesia, y solamente a ésta, el poder de sellamiento. Estas son nuestras posibilidades, y debemos esforzarnos por lograrlas.

En esta escritura, que como ya he dicho resume la ley del Evangelio en su plenitud, leemos sobre tres requisitos esenciales. Si por ejemplo, una persona quisiera tener un bautismo que fuera para toda la eternidad, primero debería encontrar la ceremonia bautismal correcta; en segundo lugar, debería encontrar a la persona que pudiera efectuar legalmente esta ordenanza; y por último, tendría que conseguir que esta ordenanza fuera sellada por el poder del Espíritu Santo. Si fuera así, este bautismo haría entrar a la persona arrepentida a una esfera celestial.

Este concepto de ser sellados por el Santo Espíritu de la promesa, se aplica a toda ordenanza, convenio, y a todas las ceremonias que se efectúan dentro de la Iglesia. No habléis sobre el matrimonio o el Santo Espíritu de la promesa a menos que entendáis primero el concepto, el principio que a él pertenece y su aplicación universal.

Una de nuestras revelaciones habla del "Santo Espíritu de la promesa, el cual el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles" (D. y C. 76:53). Esto quiere decir que cada persona que obra en justicia, que hace todo del mejor modo posible, que vence las cosas mundanas, que se eleva por sobre lo carnal y que camina por los senderos de rectitud, tendrá sus hechos y buenas obras sellados y aprobados por el Espíritu Santo. Será, como dijo Pablo, "justificado... por el Espíritu" (1. Cor. 6:11). Por lo tanto, si un joven quiere casarse y desea que su matrimonio dure semanas, o meses, o "hasta que la muerte los separe", entonces debe casarse por el poder del hombre y dentro del perímetro y límites establecidos; tiene esa prerrogativa gracias al libre albedrío que el Señor le ha dado. Pero si quiere que su esposa sea suya para siempre, aún después de la muerte, entonces debe encontrar a alguien que tenga el poder de ligar en la tierra y sellar en el cielo.

Para poder entrar dentro del vínculo correcto del matrimonio, uno debe hacer lo siguiente: Primero, buscar y encontrar el matrimonio celestial y la ordenanza apropiada; segundo, hallar a la persona que pueda administrar autorizadamente la ordenanza, alguien que posea el poder para sellar y que lo ejerza solamente en los templos del Señor, que han sido construidos mediante el diezmo y los sacrificios de Su pueblo; y tercero, debe vivir en justicia, rectitud, integridad, virtud y moralidad, de modo tal que tenga derecho a que el Espíritu de Dios ratifique, selle, justifique y apruebe lo que haga. Si ésta es la situación, su matrimonio es sellado por el Santo Espíritu de la promesa, quedando así ligado por tiempo y eternidad.

Así nosotros, los Santos de los Últimos Días, luchamos y nos esforzamos por ser dignos de tener una recomendación para poder entrar al templo, porque el Espíritu no puede morar en un tabernáculo impuro. Luchamos a fin de que nuestroxtabernáculo sea limpio, por ser puros, refinados, educados, y por tener siempre la compañía del Espíritu Santo; cuando llegamos a ese punto, nuestro obispo y el presidente de estaca, nos dan la tan deseada recomendación.

Entonces vamos al templo y allí hacemos serios y solemnes convenios, y después de haberlos hecho luchamos con toda nuestra fuerza por seguir teniendo la luz del Espíritu, a fin de que el convenio que hemos hecho no se disuelva. Si hacemos esto, tenemos la vida eterna asegurada. No tenemos por qué temer o estar preocupados si es que estamos esforzándonos al máximo y naciendo todo lo que podemos. Aunque no lleguemos a ser perfectos, aunque no venzamos todos los problemas, si nuestras intenciones son buenas, y tratamos honestamente de seguir el sendero que nos lleva a la vida eterna, nuestro matrimonio seguirá eternamente. Llegaremos al paraíso de Dios y seremos marido y mujer; nos levantaremos en la resurrección y continuaremos siendo marido y mujer.

Cualquiera que se levante en la resurrección dentro del vínculo matrimonial apropiado, tiene la garantía absoluta de la vida eterna; pero, eso no le garantiza que vaya a ser poseedor y heredero de las mansiones celestiales y de todas las cosas que se le han prometido; tendrá que progresar y avanzar mucho después de la muerte y aún después de la resurrección, mas así estará siguiendo el sendero por donde continuará su preparación y aprendizaje, hasta que finalmente llegue a conocer todas las cosas y llegue a ser como Dios, nuestro Padre Celestial, es decir, un digno heredero de la vida eterna.

Podríamos decir que en esta vida tenemos familias condicionales y aunque nos hayamos casado en el templo, nuestro matrimonio es condicional: está condicionado a nuestra obediencia a las leyes, los términos y las condiciones del convenio que hemos hecho. Cuando nos casamos en el templo, nos colocamos en una posición en la cual podemos esforzarnos, luchar y aprender a amarnos con la perfección que debe existir si deseamos ser herederos de la plenitud de gloria que acompaña a este convenio en la eternidad, y nos pone en la situación de aprender a amarnos el uno al otro de la misma manera. Este matrimonio nos da la responsabilidad de criar a nuestros hijos dentro de los senderos de luz y verdad, y de instruirlos y prepararlos para ser miembros de una unidad familiar eterna. También nos coloca a nosotros, como hijos, en posición de honrar a nuestros padres y hacer todo lo necesario para que estos vínculos eternos estén ligados de generación en generación.

Por último habrá una cadena patriarcal de seres exaltados que comenzará con Adán y culminará con el último hombre, siendo los eslabones sueltos aquellos individuos que no cumplen con los requisitos ni son dignos de heredar, poseer y recibir todo lo que hemos mencionado.

Ahora hablo a aquellos que tienen la oportunidad de vivir la ley; a toda persona que tiene este privilegio se le pide que lo haga; es una obligación. Por supuesto que hay quienes no tuvieron esta oportunidad, pero que habrían vivido la ley si la hubieran conocido. Esas personas serán juzgadas por un Dios misericordioso de acuerdo cpn sus obras y los deseos de sus corazones. Este es el principio de la salvación y exaltación de los muertos.

He hablado solamente en términos generales, y deliberadamente no he sido específico en mi explicación. He intentado solamente exponer principios de verdad, como lo señaló el profeta José Smith: "Yo les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos' '. He querido y planeado exponer el concepto general que implica, con la esperanza de que, teniendo frente a nosotros el concepto, nos decidamos a establecer las metas a que debemos aspirar como individuos a fin de alcanzar las promesas y galardones mencionados.

Creo que la idea más noble que puede albergar el corazón de un hombre, es el hecho de que la unidad familiar continúa en la eternidad. No creo que nadie pueda concebir una idea más gloriosa que esa, teniendo como base, por supuesto, el sacrificio expiatorio de nuestro Señor Jesucristo. El matrimonio celestial es lo que abre la puerta a la vida eterna en el reino de nuestro Padre.

Si podemos pasar las experiencias probatorias que encontramos en la unidad familiar, el Señor nos dirá en algún día futuro:

"Bien, buen siervo y fiel. . . entra en el gozo de tu señor." (Mat. 25:21.)

Las cosas a las que nos estamos refiriendo son verdaderas. Esta es la gloria, el prodigio y la belleza de todo lo relacionado con nuestra religión revelada, que es verdadera. Y en ella no hay nada más glorioso que el simple hecho de que es verdadera, y por esta razón la doctrina que enseñamos también lo es; y a causa de la verdad de esta doctrina tendremos paz, gozo y felicidad en esta vida; nos ayudará a apartarnos de la esclavitud, maldad e iniquidades del mundo; y nos dará el poder para tomar sobre nosotros el nombre de Cristo y la gloria y belleza de la religión pura, y llegar a convertirnos en nuevas criaturas por el poder del Espíritu Santo. El estar embarcado en el único sistema religioso verdadero y perfecto, fundado en el cimiento firme de la verdad eterna, es lo más maravilloso que hay y va más allá de toda comprensión.

Mi esperanza, al daros mi testimonio de la divinidad y belleza de esta obra, es que mis palabras sean el simple eco de los pensamientos que anidan en vuestro corazón. Sé, con seguridad total, que Dios ha hablado en nuestra época, que Jesús es el Cristo, que El ha llevado a cabo el sacrificio expiatorio, infinito y eterno. Sé que el Señor ha establecido Su reino por última vez entre los hombres; que Spencer W. Kimball es en este momento el Profeta, revelador y portavoz del Todopoderoso sobre la tierra; y que esta Iglesia, por humilde y débil que sea ahora, va a avanzar, crecer y progresar hasta que el conocimiento de Dios cubra la tierra, así como las aguas cubren el mar. Nuestro destino es cubrir la tierra porque estamos fundados sobre la roca de la verdad eterna.

GUIA PARA LA FAMILIA

La familia es la unidad más importante durante esta vida y toda la eternidad. Dios ha establecido las familias para brindarles felicidad a Sus hijos y para que aprendan principios correctos en un medio donde haya amor.
Esta guía ha sido preparada pensando en todas las familias, la cual les ayudará a entender cómo pueden volver a la presencia de Dios y cómo pueden traer bendiciones a la vida de los demás.

martes

EL PAPEL DE LA MUJER

por EL PRESIDENTE N. ELDON TANNER 

Así como no hay nada más admirable que la masculinidad íntegra, tampoco hay nada más sagrado que la genuina femineidad. Y no hay nada que más se aproxime a los cielos que la paternidad tal y como el Creador Omnipotente la ha designado para nosotros.
La maternidad sagrada ejerce la influencia más poderosa en la vida humana; y está fundada sobre los principios más puros de espiritualidad y firmeza de carácter.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sitúa a la mujer en el lugar más excelso, pues la reconoce como una hija de Dios. Como madre, es copartícipe con El en el gran suceso de la creación y es también la reina de su hogar, y se le debe reconocer como tal.
Recomendamos a todos los integrantes de cada familia Santo de los Últimos Días, que lean cuidadosamente este mensaje, el cual encomendamos muy sinceramente a la atención de todos.

domingo

FORTALECIENDO EL HOGAR

por el presidente Harold B. Lee

Nos hallamos en tiempos difíciles. Por todo el mundo existen influencias que procuran acometer el hogar, las relaciones sagradas de esposo y esposa, de padres y sus hijos.
La misma influencia perniciosa tienen por delante nuestros miembros adultos de la Iglesia que no están casados. Cuan afortunados somos en poder tener en medio de todo esto las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que dirige la Iglesia. Son nuestras sus palabras y las de sus profetas, para ayudar a fortalecer nuestros hogares y traer a ellos mayor paz y felicidad.
No hay ningún otro pueblo sobre la faz de la tierra, que yo sepa, que tenga los altos conceptos del matrimonio y del carácter sagrado del hogar, que poseen los Santos de los Últimos Días.
En una revelación dada en nuestra época, el Señor dijo:
". . . el matrimonio es instituido de Dios para el hombre. Por lo tanto, es lícito que tenga una esposa, y los dos serán una carne, y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación."
Sin embargo, se ven evidencias inequívocas de que los mismos peligros que andan por el mundo se hallan entre nosotros, tratando de destruir esta institución dada de Dios que es el hogar. He tenido el privilegio, en el curso de los años, visitar, con otras de las Autoridades Generales, algunos de los hogares más agradables de nuestros miembros, y es en estas visitas que he observado algunas cosas que deseo mencionaros, ya que sugieren los elementos que contribuyen a la fuerza y la felicidad en el hogar.


miércoles

PADRE, CONSIDERA TUS OBRAS

Un mensaje de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días
HERMANOS, ¿habéis considerado alguna vez el desafío que significa llegar a ser un buen padre? ¿criar a los hijos en rectitud y llegar a tener una verdadera unidad con la esposa? El construir lo que podríamos llamar un sentimiento de amor y armonía constantes en el hogar requiere verdaderos esfuerzos y una buena planificación. ¿Por qué significa un desafío tan grande para casi todo hombre, el ser un padre bueno y justo, un padre que alcance el éxito?
El plan de salvación del Señor requiere que pasemos pruebas en esta vida mortal. Estas pruebas parecen lograr su punto álgido cuando se alcanza la paternidad; pero sería conveniente que supiéramos que la paternidad, en cierto sentido, es un aprendizaje o un entrenamiento en nuestro esfuerzo por lograr la divinidad. Esta presentación será de gran ayuda para ampliar la perspectiva del significado de la paternidad, para lograr el entendimiento y el sentimiento de nuestro valor para el Padre Celestial, ¡Padre, considera tus obras!
Mediante su Hijo Jesucristo, Dios creó los cielos y la tierra. En aquel entonces vivíamos con El como sus hijos espirituales y nos regocijamos cuando esta tierra fue formada. Conocíamos todo lo relacionado con la necesidad de venir a la tierra, de obtener un cuerpo y de experimentar las muchas pruebas que presentaría la vida terrenal. Sabíamos que íbamos a cometer errores. También sabíamos que mediante eí sacrificio expiatorio de nuestro Hermano y Salvador, el Señor Jesucristo, podríamos arrepentimos y quedar limpios de esos errores.
Así mismo, sabíamos que Jesucristo sería nuestro ejemplo y que nos indicaría el camino de regreso a nuestro Padre Celestial. "Y creó D ios al hombre a su imagen... varón y hembra los creó"

LO QUE TODO UN ÉLDER DEBE SABER; Y UNA HERMANA TAMBIÉN

por el presidente Boyd K. Packer

En una sesión de capacitación de las Autoridades Generales en la conferencia general de abril de 1992.


Menos de un año después de la organización de la Iglesia, el profeta José Smith recibió una revelación que decía: "Escuchad, oh élderes de mi iglesia a quienes he llamado; he aquí, os doy el mandamiento de congregaros para que os pongáis de acuerdo en cuanto a mi palabra; y por vuestra oración de fe recibiréis mi ley para que sepáis cómo gobernar mi iglesia y poner todas las cosas en orden delante de mí" (D y C 41:2-3).
Hay ciertas cosas acerca del sacerdocio que todo élder debe saber a fin de comprender cómo se gobierna la Iglesia para poner todas las cosas en orden ante el Señor. Existen principios, preceptos y leyes que frecuentemente se pasan por alto y que rara vez se enseñan. Algunos de esos principios se encuentran en las Escrituras, otros en los manuales y algunos de ellos en ninguna de las dos partes; pero sí se encuentran en la Iglesia. Ustedes pueden llamarlos tradiciones, pero son más que eso; son revelaciones que se recibieron cuando las Autoridades Generales pasadas se reunían y se ponían de acuerdo en cuanto a la palabra de Dios y ofrecían oraciones con fe.

El Señor entonces les mostraba lo que debían hacer y recibían, por medio de la revelación, "línea sobre línea, precepto tras precepto" los principios verdaderos que constituyen la manera de administrar el sacerdocio (Isaías 28: 13; 2Nefi 28:30; D y C 98:12). Esta es la forma en que actuamos para poner las cosas en orden delante el Señor.

EL SACERDOCIO
El sacerdocio es la autoridad y el poder que Dios ha concedido al hombre sobre la tierra para actuar en Su nombre (TJS Génesis 14:28-31). Cuando ejercemos la autoridad del sacerdocio en forma apropiada hacemos lo que Él haría si estuviera presente.

EL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC O EL SACERDOCIO MAYOR
En la Iglesia hay dos sacerdocios, a saber, el Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico, que incluye el Sacerdocio Levítico. Al primero se le llama Sacerdocio de Melquisedec porque Melquisedec fue un gran sumo sacerdote: "Antes de su época se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios" (D y C 107:1-3).

lunes

LA ORGANIZACIÓN FAMILIAR CELESTIAL

por Parley P. Pratt
El siguiente artículo apareció en 1845 en la revista "The Prophet" (El Profeta) que el hermano Pratt publicaba en la ciudad de Nueva York.

EL hombre es un ser eterno, así en lo que concierne a su organización material como en lo que toca a su mente y afectos. La resurrección de la muerte lo restablece a la vida con todos sus poderes, facultades corporales y mentales, y (si es vivificado por la gloria celestial) consiguientemente, lo une a su familia, amigos y parientes, para formar uno de los eslabones necesarios en la cadena que estrecha a la gran y real familia de los cielos y de la tierra en un lazo eterno de cariño y asociación consanguíneos. El orden del gobierno de Dios, tanto en lo que se mide por el tiempo como en la eternidad, es patriarcal; es decir, es un gobierno paternal. Todo padre que es levantado de los muertos y es hecho partícipe de la gloria celestial en su plenitud tendrá jurisdicción legítima en sus propios hijos y en todas las familias que de ellos nazcan por todas las generaciones para siempre jamás.

En esta época hablamos de que los niños llegan a ser mayores de edad, como se dice, y estimamos que cuando son mayores de edad quedan libres de la autoridad de su padre. Pero no se conoce tal regla en la ley y organizaciones celestiales, ni en esta vida ni en la venidera. Según esta ley, el hijo está sujeto a su padre para siempre jamás, por los siglos de los siglos. También tenemos una regla, establecida hoy en la tierra, según la cual una mujer llega a ser la esposa de un hombre, y está sujeta a él por ley hasta que la muerte los separa. Pero en el orden celestial no es así, por la más sencilla de todas las razones, a saber, que el orden celestial es un orden de vida eterna; no reconoce la muerte y, por consiguiente, nada ha dispuesto para tal eventualidad. Por tanto, todos sus convenios y contratos son eternos en cuanto a su duración y tienen por objeto enlazar a los varios miembros de la familia en una unión eterna.

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martes

PIEDRAS ANGULARES DE UN HOGAR FELIZ

Discurso dado por el presidente Gordon B. Hinckley en la charla fogonera para matrimonios llevada a cabo en el Tabernáculo de la Manzana del Templo el 29 de enero de 1984

Siempre tengo presente la ternura de mi padre hacia mi madre. Ella murió a la edad de 50 años y durante su enfermedad, mi padre se desvivía por atenderla y hacerla sentir tan cómoda como pudiera. Pero esto no fue algo que aconteció debido a la enfermedad de mi madre, sino que siempre fue así.
En nuestro hogar de la infancia, nosotros sabíamos, y nos resultaba evidente debido a lo que se percibía y no a ninguna declaración, que ellos se amaban, se respetaban y se honraban mutuamente.
Que bendición ha resultado eso para nosotros. De niños nos proporcionaba una inmensa seguridad. Al ir creciendo nuestros pensamientos y nuestras acciones, se vieron inspirados por el recuerdo de aquel ejemplo.
Mi amada compañera y yo hemos estado casados ya por más de medio siglo. También ella tiene la bendición de haber sido criada en un hogar en el que reinó siempre un espíritu de compañerismo, amor y confianza. Sé que la mayoría de ustedes proviene de hogares así; lo que es más, sé que la mayoría de ustedes vive vidas felices y llenas de amor en sus propios hogares. Pero también hay muchas personas, realmente muchas, que no son tan felices.
Confieso que me resulta difícil entender los relatos trágicos de parejas que vienen a mí con enormes problemas. Hjiblan de maltrato físico y verbal, hablan de actitudes déspotas y de maridos que abusan de su hombría en su propio hogar. Hablan de violación de confianza y de ruptura de convenios. Se habla de divorcio, se derraman lágrimas y se cae en el desconsuelo. No hace muchos días llegó a mi oficina la carta de una mujer que se refería largo y tendido a sus problemas. Sumida en la desesperación, me preguntaba: "¿Tiene acaso una mujer alguna esperanza de algún día llegar a ser considerada una integrante de primera categoría de esta raza humana? ¿Será acaso siempre una pieza decorativa que se limita a actuar únicamente cuando se lo permite su amo o señor marido?"

martes

DEJA QUE LA VIRTUD ENGALANE TUS PENSAMIENTOS

El matrimonio entre el hombre y la mujer es fundamental en el plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. La intimidad física es un aspecto sagrado de la relación conyugal que permite que los hijos nazcan dentro de una familia y hace que la relación conyugal se fortalezca más durante la vida.
El adversario intenta frustrar el plan de felicidad del Señor al proponer que el único objetivo de la intimidad física es la satisfacción personal. La pornografía fomenta esa idea destructiva y egoísta; la pornografía muestra o describe el cuerpo humano o la conducta sexual de una manera que despierta sentimientos sensuales. Se puede encontrar en materiales impresos (incluso en novelas románticas), en fotografías, en películas, en imágenes electrónicas, en videojuegos, en salas de chateo de internet, en conversaciones telefónicas eróticas, en la música o en cualquier otro medio. La pornografía es una herramienta del adversario.
A medida que aprenda y aplique el Evangelio de Jesucristo en su vida, usted tendrá la capacidad de resistir al adversario. Si "deja que la virtud engalane [sus] pensamientos incesantemente" (D. y C. 121:45), aumentará su conocimiento, su fortaleza y su capacidad. Podrá recibir la imagen de Dios en el rostro y nacer espiritualmente de Él (Alma 5:14).
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DIOS AMA A SUS HIJOS

Este mensaje va dirigido a los Santos de los Últimos Días que tienen problemas con la atracción hacia personas de su mismo sexo y que a veces se sienten desalentados, pero que sinceramente desean llevar una vida que sea agradable a nuestro Padre Celestial.
Usted es un hijo o una hija de Dios, y de todo corazón le tendemos una mano de amistad y afecto. A pesar de la atracción que actualmente siente hacia las personas de su mismo sexo, usted puede ser feliz en esta vida, llevar una vida moralmente limpia, brindar servicio valioso en la Iglesia, disfrutar de hermandad plena con los demás santos y, finalmente, recibir todas las bendiciones de la vida eterna.
Nefi, el profeta del Libro de Mormón, expresó los sentimientos que todos tenemos, cuando reconoció que "no [sabía] el significado de todas las cosas", pero testificó: "Sé que [Dios] ama a sus hijos" (1 Nefi 11:17). En efecto, Dios ama a todos Sus hijos. Sin embargo, muchas preguntas, entre ellas algunas relacionadas con la atracción entre personas del mismo sexo, deben esperar una respuesta futura, incluso en la vida venidera. No obstante, Dios ha revelado verdades sencillas e invariables con el fin de guiarnos. Él ama a todos Sus hijos, y a causa de que Él le ama a usted, puede confiar en Él.
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viernes

NUESTRA FAMILIA

GUIA PRACTICA PARA LOGRAR QUE LA VIDA FAMILIAR SE CENTRE EN EL EVANGELIO
¿Qué significa un hogar centrado en el evangelio?
Significa que en él los integrantes de la familia aprenden a amar el evangelio y a ser dignos de participar en las ordenanzas del sacerdocio. Es un lugar donde se fomenta la fe en Dios y el amor que sienten por El, por el evangelio restaurado, y por sus semejantes; es allí donde reside el Espíritu del Señor.
El padre es la persona designada por Dios para ser cabeza del hogar y la madre para ser su compañera para presidir en su ausencia. El padre y la madre intercambian opiniones y toman decisiones para criar y educar a sus hijos y dirigirlos para que centren su vida en Cristo y su evangelio. Los principios que encierra este articulo se pueden aplicar a la vida de todos los miembros de la Iglesia aunque vivan solos o sean los únicos miembros de la Iglesia en su casa. Todas las sugerencias pueden adaptarse para que puedan lograr tener un hogar centrado en el evangel.

MATRIMINIO Y DIVORCIO

PRESIDENTE
SPENCER W.KIMBALL
Discurso dado en la Universidad Brigham Young.
el 7 de Septiembre 1976

Mis amados hermanos y hermanas:
Esta es una situación sobrecogedora. Nací en Lago Salado, pero crecí en Thatcher, Arizona, en un lugar grande e importante del cual pocos saben. Muchas cosas ocurrieron en ese pequeño pueblito. Tuvimos las experiencias normales y usuales. Celebrábamos el cuatro de julio, teníamos competencias, actividades del colegio y todas las cosas que puede tener un pueblito de esa medida.
Era una vida gloriosa. Muchos maravillosos jóvenes eran mis compañe­ros o Siempre estuve orgulloso del pueblo y estaba contento de vivir allí. Por algo de cuarenta años fue mi hogar y entonces lo cambié por la ciudad de Lago Salado.
Es un real placer estar con Uds. hoy. Vengo humildemente ante Uds. para decirles algunas palabras. No les voy a dar ningún sermón espectacular, pero espero llamar vuestra atención a algunas de las cosas que nos perturban, algunos de los problemas que encaramos. No me disculpo, por lo tanto, por discutir el tema que he venido a discutir. No he venido, para entretenerles, sino que estoy aquí con una misión muy seria. Deseo hablarles de asuntos que ciento son de extrema im­portancia para Uds., para la gente, para el mundo y para la Iglesia.
La persona que entretiene a la gente les da lo que desean, el líder verdadero entrega a la gente lo que estos necesitan. Como Pablo, soy presionado por el Espíritu para advertirles, exhortarles y fortalecerles. Que pueda tener las bendiciones de Nuestro Padre Celestial para así hablarles.
Me doy cuenta que muchos de Uds. son casados, algunos están conside­rando el matrimonio y es probable que se casen los próximos años.
En otros discursos que he dado a este cuerpo estudiantil en ocasiones previas, he advertido a la juventud de Sión en contra de los pecados y vicios que tanto prevalecen en nuestra sociedad, aquellos de la im­pureza sexual y todos sus horribles enfoques. He hablado de la falta de modestia en los vestidos y acciones como de un proceso de ablanda­miento por parte de Lucífero Aquí deseo expresar aprecio a todos aquellos que han respondido cuidadosamente a esas exhortaciones y readvierto a aquellos que las han ignorado.

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LOS CINCO PRINCIPIOS DE LA ESTABILIDAD ECONOMICA.

DISCURSO PRONUNCIADO POR
EL PRESIDENTE N. ELDON TANNER,
EL DÍA 6 DE OCTUBRE DE 1979

Durante la Segunda Guerra Mundial, el élder Albert E. Bowen, entonces miembro del Consejo de los Doce Apósto­les, recopiló una serie de mensajes radiales en un libro, que tituló: La constancia en medio del cambio. Esos men­sajes eran muy apropiados para la época; estábamos en medio de una conflagración y la gente de todo el mundo necesitaba un mensaje de segundad, calma y estabilidad. Nuestros días actuales son en muchas maneras similares a aquellos turbulentos años de la guerra. También ahora nos enfrentamos a problemas que nos dejan perplejos y, además de los evidentes conflictos en política internacional, estamos atra­vesando uno de los períodos económicos más difíciles que hemos visto en muchas décadas, con los problemas que traen aparejados la inflación y la administración económica personal. Quisiera usar el título del libro del élder Bowen, y compartir con vosotros algunas de las experien­cias por las que he pasado y las conclusiones a las que he llegado en los sesenta años que llevo traba­jando. He vivido todas las fases del ciclo econó­mico. Cuando era joven y estaba en mis principios, pasé por una depresión económica personal. He visto la depresión nacional e internacional, así como los períodos de inflación; he observado cómo en cada ciclo económico se han creado lo que han dado en llamar "soluciones", que han pasado sin pena ni gloria. Estas experiencias me han llevado a la misma convicción que hizo al poeta Robert Frost escribir: "La mayoría de los cambios que creemos ver en el mundo, están en relación directa con la tendencia popular de aceptar o rechazar ciertas verdades". Lo que hoy quisiera compartir con vosotros son mis obervaciones sobre los principios constantes y fundamentales que pueden traernos seguridad financiera y tranquilidad de conciencia, bajo cual­quier circunstancia económica. Primeramente, quiero establecer una base y una perspectiva dentro de las cuales se puedan aplicar esos principios

PROGRAMA PARA LA RECUPERACIÓN DE ADICCIONES

GUIA PARA LA RECUPERACION Y CURACION DE ADICCIONES 
Escrito con el apoyo de lideres de la iglesia y de asesores profecionales por personas que han sido adictas y han experimentado el milagro de la recuperacion por medio de la expiacion de Jesucristo El Programa para la recuperación de adicciones de LDS Family Services ha adaptado el programa original Los Doce Pasos originales se detallan a continuación.
1. Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.
3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos. 4. Sin temor, hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otros seres humanos, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos librara de todos estos defectos de carácter.
7. Humildemente le pedimos que nos librase de nuestros defectos.
8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible, el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal, y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
11. Buscamos, a través de la oración y la meditación, mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otros alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.