LA SALVACIÓN DE LOS NIÑOS

por el élder Bruce R. McConkie

De entre todas las verdades del Evangelio que Dios ha dado a su pueblo, difícilmente se encontrará una que sea tan dulce y brinde al alma tal sentimiento de paz, como la que afirma que los niños pequeños se salvarán, que viven en Cristo y obtendrán la vida eterna La unidad familiar continuará para ellos y suya es la plenitud de la exaltación. No habrá bendición que se les niegue, y se levantarán en gloria inmortal, continuarán progresando hasta alcanzar su plena madurez, y vivirán para siempre en lo más elevado del Reino Celestial. Y todo esto, gracias a los méritos, ta misericordia y la gracia del Santo Mesías; todo, por causa del sacrificio expiatorio de Aquel que murió, para que nosotros pudiéramos vivir.

Uno de los grandes beneficios de la reciente adición de la Visión del Reino Celestial, de José Smith, a la Perla de Gran Precio, es la oportunidad que nos da de estudiar nuevamente la doctrina concerniente a la salvación de los niños. Hay en este tema muchas interrogantes que merecen una firme respuesta de las Escrituras.

Hay dos escenas que demuestran el infinito amor, la ternura y la compasión del Señor Jesús, y que debemos tomar como punto de partida para nuestra consideración de los varios aspectos respectivos a la salvación de los niños.

La primera tiene lugar en "las regiones de Judea al otro lado del Jordán"; grandes multitudes rodean al Maestro; los contenciosos fariseos están tratando de tenderle una trampa; El acaba de predicar sobre el matrimonio, el divorcio y la unidad familiar.

"Entonces le fueron presentados unos niños", dice Mateo, "para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos los reprendieron diciendo: No hay necesidad, porque Jesús ha dicho, los ¡ales serán salvos.

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí." (Mateo 19:13-15. Versión inspirada. Cursiva agregada.)
La segunda escena tiene lugar en el continente americano. Aquel mismo Jesús, resucitado y glorificado, está llevando a cabo su ministerio entre los nefitas; acaba de orar como nadie lo había hecho nunca.

DESCARGAR DISCURSO