LA BIBLIA, UN LIBRO SELLADO

Por El Élder Bruce R. Mcconkie
Del Quórum De Los Doce Apóstoles
Suplemento, A Symposium on the New Testament, 1984

Es un gusto y un honor estar aquí con ustedes y es mi oración que el Espíritu se derrame abundantemente sobre todos nosotros a medida que consideramos algunos asuntos que son de gran importancia en lo que concierne a nuestra labor como maestros.

Debo hablarles acerca del libro sellado, el cual contiene muchos de los misterios del reino. Estos son aspectos de gran valor para quienes enseñan el Evangelio. Mi tema específico es la Biblia, un libro sellado, pero mi método y la forma en que voy a discutir este tema no será igual a la forma en que lo discute la gente normalmente.
Hay muchas cosas que se deben decir y voy a hablar claramente, esperando poder edificar y no ofender.
Estas palabras tan bien conocidas pueden aplicarse a lo que voy a decir:
A todo ser viviente de esta tierra tarde o temprano, la muerte llega.
¿Podría el hombre dar su vida mejor?
Que luego de enfrentar peligro y dolor,
Por honrar el nombre que de otro heredó,
¿Y sacrificarlo todo por su Dios?
Sin embargo, hay una traducción más sencilla que creo que es coloquial o apócrifa o seudoepigráfica, y que dice más o menos así: Los insensatos entran deprisa a los lugares donde los ángeles tienen miedo de entrar. Eso es lo que pasa.

Isaías y Juan nos hablan de un libro que está sellado. La profecía de Isaías habla de llevar las palabras de la parte no sellada del libro a una persona de gran conocimiento, a alguien que se considera tiene gran poder intelectual, quien pidió que se le llevara el libro.

Habiéndosele dicho que dos tercios del libro estaban sellados, el gigante intelectual, experto en el conocimiento lingüístico del mundo, dijo: “No puedo leer un libro sellado”. Esta profecía se cumplió cuando Martin Harris llevó algunos de los caracteres, copiados de las planchas del Libro de Mormón, al profesor Charles Anthon a la ciudad de Nueva York .

Juan el Revelador vio en las manos del Gran Dios un libro sellado con siete sellos, “que contiene”, como lo dice la revelación, “la voluntad, los misterios y las obras revelados de Dios; las cosas ocultas de su administración concernientes a esta tierra durante los siete mil años de su permanencia, o sea, su duración temporal”, y cada sello cubre un período de mil años. Según Juan lo vio, nadie sino el Señor Jesús, “el León de la tribu de Judá, la raíz de David”, tiene el poder de abrir estos siete sellos.

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